Los perros tienen sentimientos

Científicamente comprobado: los perros tienen emociones tal y como nosotros las tenemos

Algunos amigos me han dicho que ya es mucha necedad estar insistiendo en que a los animales hay que respetarlos y tratarlos dignamente. Desde que tengo uso de razón, he visto en la mirada de todos ellos, emociones y sentimientos. Claro, no soy científico así que nunca pude demostrarlo científicamente. Pero eso nunca me ha quitado el sueño ni ha impedido que trate por todos los medios posibles de hacer conciencia y estar seguro que los perros tienen sentimientos.

Un animal no es juguete, no es “algo” que podamos tratar mal, ellos sufren y sienten cuando los golpean y se les hace sufrir. Desgraciadamente los humanos tenemos ese triste complejo de seres superiores y centro de todo el universo, creernos dioses con todos los poderes para destrozar las vidas de otros seres.

Nachito
Placer, miedo, amor, curiosidad son sentimientos comunes entre perros y humanos

Desde hace mucho he visto en libros, cine y periódicos, expresiones como “lo mataron como un perro”, como si por el simple hecho de ser un perro su vida no importa. Es cultural el creer que la vida de un animal, que el mismo ser humano domesticó hace miles de años, sea dispensable por el simple hecho de no comunicarse con nosotros como nosotros quisiéramos. ¿No será que somos tan básicos y elementales que nosotros mismos somos los incapaces de comunicarnos?

Pero bueno, afortunadamente Gregory Berns, profesor de neuroeconomía de la universidad Emory de Atlanta, Georgia, a confirmado que los perros usan la misma área que los seres humanos para sentir. La conclusión ha sido gracias a varios meses de analizar los resultados de exámenes de resonancia magnética a perros que han sido entrenados para permanecer inmóviles en la máquina.

Algunos se preguntarán que diablos es la neuroeconomía y como se relaciona con probar que un perro tiene emociones. Básicamente y de manera general, la neuroeconomía es un campo interdisciplinario que busca explicar la toma de decisiones humanas, esto es, la habilidad de procesar múltiples alternativas y además seleccionar un curso de acción.

Como mencioné anteriormente, su descubrimiento fue gracias a las imágenes de resonancia magnética (IRM) del cerebro de su perro que demostraron que nuestros amigos caninos usan la misma parte del cerebro que nosotros los humanos para sentir. Aunque su objetivo primario era investigar como funciona el cerebro de los perros y que piensan ellos de nosotros, los resultados que obtuvo fueron mucho más lejos de lo que él jamás imaginó.

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Si, las expresiones caninas no son casualidad, son el reflejo de sus sentimientos.

Uno de sus primeros descubrimientos fue que había una increíble similitud entre perros y seres humanos, en la estructura y la función de una región clave del cerebro: el núcleo caudado, región responsable en los seres humanos para anticipar las cosas que nos gustan tales como el amor, la comida, la música y tantas otras.

En los perros la actividad de esa zona se incrementó cuando vieron las señales que se les hacían para avisarles que la comida estaba lista, pero también se incrementó al sentir los olores de seres humanos conocidos por los perros y que habían salido de la habitación.

La clave de este estudio es que muchas de las cosas que activan el núcleo caudado en el ser humano, lo activan también en los perros, algo que los neurocientíficos aceptan como un indicio que existen emociones caninas (algo conocido como homología funcional). Hasta el momento de ese estudio y de sus resultados, se comprueba que los perros tienen un nivel de sensibilidad similar a la de un niño humano. Algo que nos hace cuestionar muchas cosas que antes creíamos porque nos está demostrando, científicamente, que los perros tienen sentimientos.

Esto nos demuestra lo equivocados que estamos al pensar que los perros son nuestra propiedad, como un auto o una bicicleta. Muchos países desarrollados son un poco más piadosos al momento de sacrificar a un animal, pero el concepto que son objetos dispensables continúa en nuestros pequeños cerebros.

¿Es correcto eliminar a un perro que tiene la sensibilidad equivalente a la de un niño aún y cuando se tenga un cuidado razonable para minimizar su sufrimiento? ¿Acaso no se puede aplicar el mismo concepto para un ser humano y catalogarnos todos como dispensables?

Quizá la mejor conclusión de todo esto la tiene Gregory Berns al decir:

… desde que la Corte Suprema ya ha incluido hallazgos neurocientíficos en algunos casos que muestran imágenes del cerebro para determinar si una persona es madura en la adolescencia, tal vez algún día veamos un caso argumentando a favor de los derechos de un perro sobre la base de los hallazgos de imagen cerebral.

Lo que es cierto, es que ya no podemos seguir jugando al papel de dioses y verdugos con seres que sienten tal y como lo hacen nuestros niños. Es imperativo legislar a favor de los perros (y de otras especies también) para su protección y obligar a tanto ser humano sin escrúpulos a ser responsable de sus actos.

Nuestra obligación es velar porque nuestros amigos caninos estén protegidos y no sean abusados e ignorados como hasta el día de hoy se hace. Si la mayoría de personas en nuestra sociedad velan por que se respeten los derechos de un niño… ¿por que no se vela también por los derechos de los animales?

3ª Imagen: flickr.com

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